Cuando los niños son gemelos solitarios

gemelo
La mayoría de los profesionales que trabajamos con los niños y sus familias, cada uno de acuerdo a su marco teórico, tiene una especie de guía para poder establecer una breve historia no sólo del síntoma o del motivo de consulta sino también de la historia del niño.
Hay encuadres diferentes; gestálticos, psicoanalíticos, cognitivos, sistémicos, relacionales o vinculares, pero a veces, al menos en mi modo particular de ver cómo se hacen estas entrevistas, pareciera que en algunos casos nos hemos detenido en el tiempo.
Muchas situaciones han cambiado en cuanto al modo de concebir, al modo de tener hijos, al modo de desearlos y de acogerlos; y generalmente todo esto se pasa por alto, y se empieza desde la pregunta ¿qué tal fue el embarazo? ¿Y el parto? ¿Hubo abortos antes o después?
Muy pocos terapeutas se interesan por el comienzo de la gestación, preguntando si el embarazo fue un embarazo asistido; algunos padres por sí mismos lo cuentan. Y a pesar de eso muchas veces se normaliza, como si no tuviera demasiada importancia, y se sigue adelante.
¿Qué es lo importante de este dato? ¿Al menos en el tema que nos concierne en este artículo?
Para empezar es importante saber en qué momento se decidieron por el método de la fecundación in vitro, y sobre todo en qué intento se logró la concepción. Es importante porque en cada intento hay un deseo, una fantasía, un imaginario, y cuando se da la noticia que no ha resultado hay un desfondamiento, generalmente más en la madre, que es la que además ha recibido todas las hormonas y el tratamiento más agresivo para la concepción.
Es importante saber donde se fue esta energía que se puso consciente e inconscientemente, una vez dada la noticia de que no ha podido ser. Y es necesario trabajarla, porque si nuevamente se hace un intento y sale bien, esos óvulos que fueron puestos ocupan un sitio en el imaginario de la madre y posiblemente en el niño o niños que nacerán.
Pero independientemente de esto, existen otras preguntas que son necesarias, ya que los padres que están en nuestra sesión sí han logrado concebir al hijo. Entonces el procedimiento sería más o menos así: ¿en qué intento concibieron a Carlos, María, Juan? ¿Cuántos fueron los óvulos puestos, cuántos fueron los fecundados, cuántos llegaron a término?
Aunque a veces los padres se sorprendan de estas preguntas porque puede parecer que no tienen nada que ver con el motivo que les trae a consulta, debemos explicarles con mucho cariño y respeto que sí tienen importancia.
Desde el momento de la fecundación y luego de la concepción hay una energía ya presente dentro del vientre materno para cada uno de esos óvulos y, aunque luego no sigan adelante y por ejemplo sólo sobreviva un óvulo o dos “y los otros se pierdan,” dentro de la memoria emocional y genética de ese óvulo sobreviviente queda la presencia de los otros que estuvieron por breves momentos o por uno, dos, o tres meses.
Para los padres, cuando ven nacer a sus hijos sanos, los otros óvulos o embriones quedan en el recuerdo o los tapa la experiencia de los que sí están y lograron nacer. Sin embargo, para los hijos ese recuerdo les seguirá toda su vida, generalmente no de modo consciente pero sí de un modo inconsciente que muchos no pueden explicar pero sí actuar.
Y lo mismo ocurre inclusive cuando no ha habido fertilización asistida, pero el embarazo ha comenzado también como un embarazo múltiple, en el que luego se ha perdido uno de los gemelos.
Les pongo un ejemplo:
Laura, una niña de cinco años, hija única, la niña no para quieta, siempre quiere hacer miles de cosas. En la segunda sesión, jugamos con la caja de arena y me dice “hay que enterrar al bebe,”
“¿Hay un bebe enterrado?” le pregunto
” me dice, “pero nadie lo sabe, ni siquiera mamá.
“¿Y por que está enterrado?”
Se encoge de hombros y me dice “no lo sé, fue hace mucho tiempo y no me acuerdo, pero está tan enterrado que todos se olvidaron de él.
“¿Y tú quieres que siga así?”
No, porque es mi hermano y lo quise mucho. Y me dio pena que se fuera.
“Ah” le dije “no sabía que tenias un hermano”
Ay Loretta, claro que lo tenía, pero no nació, se quedó en algún lado y a veces eso me da mucha pena,
“¿Pero tú lo has visto?” le pregunto,
No” me dice “pero sé que estaba conmigo en la tripa de mamá, pero luego no sé donde se fue, desapareció.” Y se encoge de hombros y me da la espalda.
Y corta todo juego y se pone a dar volteretas en la habitación.
Y te lo has creído jajaja, es mentira, ¿cómo puedo recordar cuando estaba en la tripa de mamá? jaja, si era muy pequeña, además te lo has creído.
“Sí, me lo he creído por supuesto, porque todo lo que estás contando suena a verdad, a cosas que recuerdan algunos niños cuando estaban dentro de la tripa de mamá.”
Inmediatamente deja de saltar, se sienta en el suelo y me dice: “Cuéntame de ellos.
“Pues he tenido niños, uno por ejemplo, que me decía que sabía que había tenido un hermano de tripa y que durante un tiempo estuvieron juntos, pero que no sabe que pasó después porque ya no lo sintió nunca más, y se sintió solo y lo buscó como podía, y que fue creciendo dentro de la barriga pero que no quería crecer mucho (este caso fue un niño de poco peso al nacer) por si su hermano volvía para hacerle sitio. Y que a veces pensaba si él había comido mucho de la comida de mamá y por eso el otro se había ido. (En este caso el niño en cuestión me preguntó, ¿no lo habré matado yo, no? cosa que a esta niña no se lo dije porque ella no había ido por esa sensación ni ese tema.)
Lo que sí le dije es que hablaría con sus padres para saber por si acaso un poco más de cuando ella había estado en la tripa de mamá y seguro ellos después se lo contarían.
Cuando después hablé con los padres me dijeron que no había habido mellizos ni gemelos ni nada y que en la ecografía de los tres meses sólo salía un embrión, pero que es cierto que la niña siempre había hablado de un hermano que dejó atrás y lo llamaba Marcos.
Les dije que trataran de pensar, “¿no sangraste para nada el primer mes, o en algún momento antes de los tres meses aunque sea un poquito?
Pensando y hablando juntos luego en casa me llamaron y me dijeron que sí, que la abuela, la mamá de la mamá, se acordaba que sangró y manchó un poco, pero el médico no le dio ninguna importancia, le dijo que no era mucho y que no había que alarmarse, y fue así que no volvió a manchar en todo el embarazo.
Podemos suponer que en realidad ese fue un embrión de muy pocas semanas que realmente se perdió y no se logró llevar a término; pero que la niña lo lleva consigo como algo muy suyo, y que además en sus juegos lo pone como bebé, como algo que no ha crecido.
Es raro que un niño de cinco años ponga en palabras todos estos conceptos porque ellos no tienen la experiencia interna de abortos, concepción, pérdida, ovulación, etc. Pero escucharlos hablar es como si nos estuvieran relatando en calco lo que pasó por dentro del vientre materno.
Y le pregunto a la madre “Si fuese así, tú que sexo crees que hubiese sido?” “Hombre” me dijo, “siempre pensé que si ese sangrado no sería un microaborto, pero lo aparqué y ahí se quedó y también es cierto que siempre pensamos que si fuese hombre nuestro hijo sería Marcos o Lucas”… y se echó a llorar.
Les expliqué que para la niña era importante tener una explicación a sus sensaciones sin palabras, a esa emoción que sentía de haber abandonado o perdido a su hermano en algún sitio y no poderlo encontrar. Se podría explicar así: que tal vez sí hubo otro huevo dentro de la mamá para convertirse en hermano pero que por algo no funcionó y cuando las cosas no van bien, el óvulo decide irse porque sabe que no podrá hacerse mayor, pero que le dejó su energía en ella, y que ella no tiene que tener la energía de los dos, eso les toca a los papás que son los adultos. Ella tiene que ver la suya propia y dosificarla y usarla para sus cosas, que su hermanito estará contento pero que ella tiene que mirar hacia adelante sabiendo que de todos modos esa energía también la tiene dentro para ayudarla a crecer.
En la siguiente sesión viene más tranquila, se la ve contenta. Le pregunto qué tal y me dice que bien, que sus padres han hablado con ella y que ella tenía razón, que tuvo un hermano muy chiquitito al que pensaron llamar Marcos, pero no pudo crecer ni hacerse mayor en la tripa de mamá, que a veces pasa, igual que yo le he explicado sobre los otros niños.
¿Y qué quisieras hacer tú ahora?”
Ay, Loretta, pues desenterrarlo, ahora todos sabemos que sí estaba y aunque era chiquito era mi hermano. Mi mamá me ha dicho que me va a comprar un dije con una cadenita si es que quiero, yo escojo la forma y será esa parte de mi hermano que echo de menos. Hemos ido a ver varios, yo aún no escojo, no sé si una estrella, un osito… Me gustará tenerlo conmigo… ¿Sabes que se iba a llamar Marcos”?
Esa tarde jugamos a desenterrar al bebito y a otros bebitos, “Por si acaso otras mamás no los encuentran o no saben que están enterrados, los dejamos en fila y así pueden verlos.
“¿Y cómo hacemos para que esas mamás sepan que están ahí y los han desenterrado?”
Ay, Loretta, cuando se desentierra un bebé toda mamá sabe cuál es el suyo y por dónde está, tú no te preocupes de eso…”
En realidad este caso no duró mucho tiempo, una vez que la niña completó su Gestalt de aquellas emociones o energías que sentía dentro suyo y a las cuales no les daba explicación ni palabra, pero cuando los padres pudieron articular toda una narrativa alrededor del suceso, poniendo palabra a esos momentos que ella vivió dentro del seno materno, ella se apaciguó, y le dio un sitio a Marcos.
Lleva en su cuello la cadena con el símbolo que escogió para su hermano.
Así nos acompañamos los dos” me dijo cuando lo trajo y me lo enseñó.

Todas estas historias de por sí son complicadas, es como poder o querer hablar de alguien que no vemos, de quien no se tienen pruebas palpables, pero que los niños lo dicen con sus juegos simbólicos o sus mismas frases. Es como si cada juego denunciara o pusiera en evidencia algo que hemos olvidado, que nos hemos despistado, pero que ellos sí lo saben porque lo vivieron y lo sintieron.
Cada vez hay más avances en la neuropsicología y en los conceptos energéticos: Cuando una madre tiene dos embriones o más, el cuerpo lo sabe y la energía interna se mueve para los dos embriones. Si uno de ellos se pierde, el cuerpo lo asume como pérdida, ya que estaba gestando y cambiando para acoger a estos dos embriones, con sus propias energías y las de la madre y el padre en el momento de la concepción. Si pierde a uno de ellos, su cuerpo y su memoria celular tendrán que hacer el duelo y acomodarse ahora para un solo embrión. En el caso que planteo todo esto sucede en muy poco tiempo, pero igualmente ocurre todo este proceso, el cuerpo de la madre sabe que ha perdido algo, el cerebro, las células, el útero y el alma.
En este caso la niña hablando con su mamá decidieron la idea del dije o el colgante para llevarlo encima; esto no tiene que ser algo obligatorio, lo tiene que decidir la niña si es que lo quiere o no, depende de ella darle sitio y consistencia a su sensación. Esa es la respuesta más sabia y lo mismo vale para la mamá. Cada corazón y alma sabe el camino que necesita para dar sitio a los que no están.
Yo como terapeuta respeto plenamente lo que cada uno quiera hacer o dejar de hacer. Lo que cada persona esté dispuesta es lo correcto y nada más. Eso es lo que está bien, lo demás son teorías que pueden ser más invasivas y ajenas a los padres y a los niños y que no tienen nada que ver con lo que les acomoda, al menos en ese momento.
Hay que recordar, cada niño sabe su proceso y empuja hacia él, si sabemos escuchar y ver será fácil porque él lo sabe, aunque crea que no. Aprendamos a acompañar lo que dice o desea su alma, ese es el camino terapéutico correcto.

© Loretta Cornejo
Directora del Instituto UmayQuipa, Madrid
http://www.umayquipae.com

1. “Marcos está pero nadie lo ve, solo yo”

2. “Marcos cada vez se aleja más, no sé donde se va”

3. “Ya Marcos no está, como no lo ven se ha enterrado”

4. “Siempre lo busco pero no puedo sola”

5. “Mis papás me han hablado de él y lo estamos desenterrando”

6. “Marcos ha aparecido, que contenta estoy”

7. “Ahora nos miramos de más cerca”

8. “Ahhh (suspiro de alivio y alegría), otra vez estamos juntos”

9. “El símbolo que escogió para su hermano…”

Con todo mi cariño, he querido  compartir este artículo que me ha enviado un profesor y maestro de las constelaciones familiares Peter Bourquin.

Está escrito por  © Loretta Cornejo
Directora del Instituto UmayQuipa, Madrid
http://www.umayquipae.com
Fuente: © ECOS – Escuela de Constelaciones Sistémicas – http://www.ecosweb.netinfo@ecosweb.net

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